Un proyecto centrado en decisiones prácticas y restricciones reales de calendario para una agencia de viajes culturales.
El problema
La agencia gestionaba reservas de rutas patrimoniales con hojas de cálculo y correos cruzados. Cada temporada alta, el equipo perdía horas reconciliando disponibilidad entre guías, transportes y alojamientos rurales. Los clientes recibían confirmaciones tarde y las cancelaciones de última hora dejaban huecos difíciles de cubrir.
El enfoque
Diseñamos un flujo de reservas por temporadas con tres estados visibles: abierto, próximo a cerrar y cerrado. Cada ruta tenía reglas propias de antelación mínima y límite de plazas. En lugar de construir un sistema complejo, definimos primero los puntos de fricción con el equipo: qué información necesitaban al abrir el teléfono y qué datos debían quedar registrados sin depender de la memoria.
La implementación
Desarrollamos una interfaz de calendario con bloques de temporada arrastrables, validación automática de solapamientos y un panel de espera para clientes que querían reservar fuera de fechas. La parte más delicada fue el cálculo de capacidad: cada ruta combinaba guías con idiomas distintos y vehículos con plazas limitadas. El sistema priorizaba automáticamente las combinaciones más eficientes y marcaba las que requerían confirmación manual.
El resultado
El equipo redujo el tiempo de gestión de reservas de tres horas diarias a cuarenta minutos. Las confirmaciones pasaron a enviarse en menos de dos horas, y los huecos de cancelación se rellenaron un 60% más rápido gracias a la lista de espera. El proyecto no resolvió todos los problemas de la agencia, pero eliminó la tarea más tediosa del día a día.